viernes, 28 de mayo de 2010

aston martin del 69


Volvió a pisar el acelerador un poco más. Le hubiera gustado disfrutar más del viaje pero conducir un descapotable como ese, que además era rojo como el demonio, por la carretera de la playa no era la mejor forma de pasar desapercibida. Vale que sólo lo había cogido prestado pero tampoco era cuestión de ir presumiendo. De todas formas, era su cumpleaños y los mejores regalos siempre se los hacía ella misma... además, esto era algo que llevaba mucho tiempo deseando hacer. A lo mejor no se merecía un coche como ese pero dios sabe que ese coche se merecía a alguien como ella. No es que condujera especialmente bien, desde luego nunca correría en Indianápolis, pero por lo menos sabía tener el respeto justo por las cosas que se lo merecían. No se puede tener un Aston Martin del 69 y tratarlo de esa forma.
La primera vez que vio al tipo de la gomina aparcar enfrente de su casa supo que no era trigo limpio, sólo había que mirarle el pelo. No sabía qué otros coches podría tener el pavo ese en su garaje pero hasta un niño de 5 años sabe que no se puede tener un coche así y tratarlo de esa forma. La novia, a la que iba a ver todos los fines de semana, debía ser también un Aston Martin a su manera... y también tenía pinta de que la trataban igual que al coche. Alguna vez la había visto llorando en el balcón. Dudaba mucho que le fuera a servir de algo quedarse parada llorando, a estas alturas todos saben que la justicia cósmica, o lo que sea que hace que los acontecimientos se precipiten unos detrás de otros, sólo ayuda a los malos, así que o aprendes a disparar o te dedicas a sortear trampas. Ella se había hecho toda una experta, con sólo asomarse a la ventana ya podía descubrir dónde las habían puesto ese día... Hombre, también se le puede dar un empujoncito a la justicia cósmica de vez en cuando. Lo del coche podría considerarse como algo así.
En realidad sólo lo había cogido prestado, al fin y al cabo era su cumpleaños. No pensaba venderlo ni quedárselo ni nada de eso, sólo quería darse una vuelta por ahí y el Aston Martin descapotable siempre dormía en su puerta. En cuanto llegara a la playa pensaba dejarlo en un lugar bien visible. Lo mismo algún buen samaritano se apiadaba de él y le daba otro paseo. Cuando llegara ya pensaría qué hacer con su vida, lo mismo se quedaba allí para siempre. No es que estuviese de mal humor porque fuera su cumpleaños aunque, junto con el de Navidad, sería un día que borraría del calendario; sencillamente el mundo había decidido dejar de colaborar últimamente. Vale que a todos nos dan por culo de vez en cuando pero ella sólo pedía que lo hicieran de uno en uno y no todos a la vez. Pero no... Y había intentado tomárselo con calma. Sacar algo bueno de todo aquello. Había intentado escribir algo profundo la noche anterior, algo bonito sobre estrellas y braguitas nuevas pero se ve que se equivocó de botella. Habría jurado que aquello era zumo de arándanos...
Acarició la tapicería de cuero rojo y soltó una risita. Levantó la cara al sol sin dejar de mirar la carretera. Aquello le estaba gustando pero no podía entretenerse mucho. Había puesto la sombrerera en el asiento de atrás y no quería que la tapicería acabara manchándose de sangre... sería una pena.



foto: Sébastien MORLIERE
a través de: all sport auto *
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3 comentarios:

MJ dijo...

me encanta preciosa :), un super beso

Gudulina dijo...

Me ha encantado.
Realmente las manchas de sangre en las tapicerias son dificiles de quitar, bueno, eso dicen en las películas de cine negro.

divergencias dijo...

Me ha encantado este relato, Aida. Supongo que así es como suceden las cosas, todo marcha mal y aún así seguimos, hasta que llega el día en el que decidimos que las cosas pesan demasiado y lo mejor es terminar con todo.

Un abrazo.